01 • mayo • 2019

📌 Argentina

Eva Halac: “Trabajo con las voces de infancia”

Texto de Cecilia Hopkins publicado en Revista Picadero 40 (Mayo/Septiembre 2019).

Eva Halac

Hija de madre titiritera y padre dramaturgo, Eva Halac creció en un entorno familiar en el cual el teatro estuvo presente en sus múltiples formas. Es por esto que aun para realizar una breve referencia a su trayectoria artística hay que presentarla como titiritera, actriz, directora y dramaturga.

Desde sus primeros estrenos en el campo del teatro de títeres a comienzos de los 90 (con las premiadas Sonata de otoño, de Ramón del Valle Inclán y La invención de Morel, sobre la novela de Adolfo Bioy Casares), Eva Halac decidió asumir las tareas de escribir, actuar, dirigir y producir. (“El director independiente es un productor encubierto”, afirma). Pero para definir al que toma a su cargo la dirección de la escena dice: “es quien establece un punto de vista y toma las decisiones, pero es un proceso experimental; en el teatro el punto de vista es una línea de fuga”. Eva Halac lleva dirigidos gran número de espectáculos, entre teatro de títeres (junto con Valeria Kleinbort, su colaboradora en el rubro), obras propias y versiones de obras, en gran parte clásicos argentinos. Entre su producción hay espectáculos concebidos para sala y para intervenciones urbanas, espectáculos con bailarines y teatro lírico. Entre las obras que Halac versionó, se pueden mencionar Las de Barranco, de Gregorio de Laferrere (2019); En familia, de Florencio Sánchez (2012); Las descentradas, de Salvadora Medina Onrubia (2012) y El reñidero, de Sergio de Cecco (2009). Por otra parte, en formato de intervención urbana, la directora estrenó Juan Moreira (2006); Un guapo del 900 (2007) y en 2015 realizó, dentro de la misma concepción estética, el montaje de Julio César, de Shakespeare, en las calles del conurbano bonaerense. “Es como un set de filmación en vivo, con tribunas para miles de personas, donde una farmacia en la esquina puede convertirse en un coliseo romano porque el espacio es transformado por el actor que lleva el mundo de su personaje adonde vaya”.

El espacio es, en efecto, otro de los aspectos que privilegia la directora: “Pienso y discuto las imágenes con mi socia estética, la escenógrafa Micaela Sleigh. Antes de comenzar los ensayos se establece un dispositivo escénico, un dibujo espacial que por su rigor permite que los actores sientan la libertad, el vértigo de crear códigos nuevos. Es un lenguaje visual que permite una cosmogonía propia”. Un ejemplo para comprender este tema es la extensa diagonal, la zona de tránsito que define la puesta de J. Timerman, obra de su autoría y dirección que resultó ganadora de la Fiesta CABA 2019.

“Dirijo dentro de la escena, junto con el actor”, define Eva Halac y enumera: “Busco actuaciones multidimensionales. Actores que se diviertan pensando en escena, con pensamientos simultáneos. Que aborden y desborden el personaje, con nobleza, libres de prejuicios, con lógica de sentido. Que puedan componer con espesor, sin clichés y que dejen lugar para el misterio y la duda. Que sus contradicciones sean verdaderas. Que encuentren esa voz y esa mirada dentro de sí. Estoy, como directora, atenta a que el actor haga ese clic necesario para que su personaje tenga vida en escena. Esto es lo que hace que el espectador esté atento y entretenido”, concluye la directora. Asimismo, Eva Halac asegura que no encuentra diferencia entre el teatro de títeres y el teatro de actores, “porque detrás de un muñeco hay un actor, todo es teatro”. En relación con el tono interpretativo, Eva Halac no elude la palabra naturalismo, si bien aclara: “Mi visión del naturalismo es desbordado: nunca pienso en un diálogo anodino y sin proyección. Como si en la vida hubiera personas comunes que hablan sobre cosas comunes y no hicieran reflexiones filosóficas. Quizá se debe a que se reaccionó contra ciertas obras de los 60 y 70 que buscaban aleccionar sobre temas importantes. Yo creo que hubo un malentendido: el problema estaba en el tono y no en los temas”. Es por este motivo que las puestas de las obras que elige versionar o decide escribir contienen ese corrimiento estético respecto del naturalismo convencional y presentan reflexiones que resultan cruciales para sus personajes, en permanente contradicción.

“Uso el teatro como una manera de comunicarme”, define Halac. “Un diálogo con el espectador, que se renueva en cada función”. Respecto de otras modalidades que asume el teatro y que son considerados géneros, afirma: “No creo en un teatro para niños, sino un teatro que puedan ver los niños. Ni en el teatro temático ‘a priori’”. Sostiene y analiza: “Un teatro que se presenta como feminista es como un caballo de Troya al que se le ven todos los soldados”. “Prefiero buscar la verdad detrás de las consignas”, afirma y explica: “Es cierto que una consigna otorga identidad, pero es también una buena coartada para cuando no hay nada para decir”.

A la hora de distanciarse un poco de los quehaceres artísticos de sus padres, Eva Halac buscó otros rumbos y estudió Ciencias Políticas en la UBA, carrera que, si bien no terminó, le brindó herramientas para su labor artística. “Me quise escapar del teatro, pero terminé volviendo”, reflexiona hoy. De todos modos, sostiene que a todos les recomendaría que se alejen un tiempo de la actividad teatral, porque “para encontrar la propia voz es preferible vivir la vida por fuera del teatro”.

Eva Halac sostiene que cuando crea sigue escuchando las voces de la atmósfera que había en las tertulias de su casa habitada por el teatro de títeres de su madre (Silvia G. Gherghi), una cultora de lo que Eva define como “las malas artes”, recordando el nombre que Sergio De Cecco le daba a su teatro, en su época de titiritero. En contraposición a estas artes del campo de lo popular, estaba el teatro de su padre (Ricardo Halac), perteneciente al llamado “mundo de la cultura”. “Al final siempre estoy escribiendo sobre esa confrontación cultural, una suerte de civilización y barbarie personal, doméstica, de bolsillo”, afirma la dramaturga autora de Sánchez Bulevar (2015); Café irlandés (2014); Español para extranjeros (2007), obras estrenadas bajo su propia dirección, en tanto que La voluntad, teatro a distancia fue estrenada en Rosario por Ignacio Amione, en Tucumán por el Elenco Estable, con dirección de Daniela Villalba y la autora, y en CABA por Hernán Márquez.

Y sobre los personajes femeninos que suelen poblar los escenarios de Buenos Aires reflexiona: “Veo pocos roles de mujer que hablen de igual a igual con un personaje masculino, sin ser víctimas, o tontas, o señoras fascistas. Cuando monté Las descentradas, encontré la lucidez de Salvadora. Ella hablaba de eso. Recuerdo un crítico que se ensañó porque no veía en escena a la anarquista histérica. Pienso que si la mujer es un personaje desquiciado, se transforma en inofensivo porque no puede entrar en el establishment. Queda fuera de competencia, inimputable. Pero hay mucho miedo a no ser políticamente correcto”.

Para analizar su posición al respecto, aquí van algunos ejemplos de interacción entre personajes femeninos y masculinos en su dramaturgia. La acción de La voluntad, teatro a distancia está ubicada en tiempos de la Campaña del Desierto. Se trata de una obra que discurre sobre emprendimientos civilizadores, cruces y choques culturales. Los personajes son un comandante a cargo de un ejército desmoralizado y enfermo y una actriz europea y su compañía que, a pesar del hambre y el frío, intenta representar un fragmento de Hamlet en ocasión de la visita al fortín del presidente Roca, el 25 de mayo. Pero un hecho imprevisto trastorna todos los planes y deja al descubierto las contradicciones de uno y otro. El personaje de la actriz batalla a favor de una cultura que los personajes criollos no pueden entender más que como “un bien lejano y extranjero”, como adjetivó Halac en una entrevista con Página/12, lo cual convierte a la cultura en “un espacio sagrado e inamovible, incapaz de comprender lo humano”. De allí el desajuste cultural que se produce entre las partes.

Eva Halac analiza: “Tanto el comandante como la actriz tienen autoridad sobre otras personas y suponen cargar con una misión civilizadora que de pronto desbarranca en mesianismo y autoglorificación. Mi material es ese híbrido, el espacio que media entre las consignas y los hechos. Esa distancia. Elegí la Campaña del Desierto porque es nuestro Apocalipsis Now. Pero pienso en el dinamismo de la vida y creo que los hombres están antes que las ideas. Por eso me gusta ver al ser humano en cada personaje. No creo en un teatro que redime, en ese teatro parroquial donde hay buenos y hay malos”.

Otro ejemplo lo ofrecen los personajes de Sánchez Bulevar, reescritura de Eva Halac de Los muertos, de Florencio Sánchez, más algunas citas a otros materiales no dramatúrgicos del autor de Barranca abajo. Estrenada en 1905, Los muertos tiene la originalidad de presentar un caso de determinación femenina: cansada de soportar las borracheras de su marido, Amelia echa a Lisandro de su casa y busca consuelo en Julián. Pero nadie puede evitar la tragedia que finalmente sucede. En su versión, Halac enmarca los sucesos de la pieza original en un encuentro imaginario entre el propio Sánchez –quien se encuentra escribiendo Los muertos– y Julián Álvarez, jurista y político uruguayo que inspiró al autor el personaje del amante de Amelia. “Ella tiene una vida miserable y fantasea con ser feliz. Tiene el suficiente carácter para echar a su marido borracho de la casa y mostrarse con Julián. Pero el sometimiento continúa: no es libre porque su identidad está siempre ligada a un hombre. Julián es encantador, pero también es un competidor nato y necesita ver al marido de Amelia arrastrado, humillado. Para ser un ganador necesita que exista un perdedor. Es el verdadero juego que interesa a estos hombres. Es por esto que Amelia se descubre a sí misma como un trofeo insignificante”, sostiene la autora.

Halac analiza: “En Sánchez Bulevar hay un recorrido por las obsesiones de Florencio, pero también hay temas míos que regresan. Florencio era un escritor, periodista y militante político, y se halla en ese instante donde siente que debe tomar decisiones, establecer prioridades. Un tema que aparece con Rodolfo Walsh en Café irlandés (obra de su autoría, donde confluyen Walsh y Tomás Eloy Martínez). Esos interrogantes de cómo vivir los siento contemporáneos.

Finalmente, en J. Timerman hay un personaje femenino que sorprende al espectador porque no hay ninguna actriz en el programa de mano. Pero como sobre su intervención no conviene revelar detalles, bastará con hacer una breve referencia a las contradicciones de los personajes de esta obra que podrá verse en la próxima Fiesta Nacional. En este “western romántico habitado por un héroe trágico”, el mítico creador de La Opinión y el general Alejandro Agustín Lanusse miden sus fuerzas en medio de un país atravesado por la guerrilla, las promesas de elecciones y un peronismo que acaba de salir de la proscripción. El personaje de Timerman da cuenta de la personalidad de un periodista temido y venerado al mismo tiempo, conocido por la arrogancia de sus desplantes, sus ideas innovadoras y sus deseos de formar parte de las esferas del poder. Sobre esta obra la autora destacó: “Me interesa revelar comportamientos, ver cómo las personas se encuentran en la necesidad de tomar decisiones poniendo en juego sus creencias, sus afectos, sus aspiraciones. Todo el tiempo vivimos negociando con nosotros mismos”. Y al finalizar esta entrevista Eva Halac resume: “Trabajo con las voces de infancia, de vivencias propias y ajenas, pero que siento mías, una fantasmagoría que busca condensar el tiempo, como una remasterización de imágenes y sonidos en una frecuencia extraña, con poca definición. Tengo pretensiones de médium”.

 

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