LLEGÓ

LA FIESTA
NACIONAL

DEL TEATRO

18 • diciembre • 2023

📌 Argentina

Esa extraña forma de habitar la creación

Texto de Pilar Ruiz publicado originalmente en Cuadernos de Picadero Nº 44: Influencias. Perfiles de doce artistas.

susana torres molina

Cuadernos de Picadero les propuso a doce creadores escribir un perfil sobre un maestro o referente de las artes escénicas. El resultado es un mapa de reflexiones actuales que nos sitúan en los márgenes de la confesión personal, el diario íntimo, la biografía, la teoría y el ensayo. De Jorge Lavelli a Romina Paula, de Beckett o Copi a Pablo Rotemberg, pasando por Juana Inés de la Cruz, Fassbinder y Daniel Veronese, entre otros, los textos aquí reunidos componen un minucioso repertorio de voces, escritos desde la fascinación.

Es raro que rechace una invitación, esa acción de unx otrx de hacerme parte de algún acontecimiento, alguna celebración. Adoro las celebraciones y esta propuesta de ponerme a pensar. Aquí voy.

Gracias al invite, durante varios días sostuve la pregunta: ¿qué artista escénicx influencia mi obra? Fue difícil encontrar la respuesta. Pienso que mi obra está cargada de contagios diversos que hago confluir de modo intuitivo. Aclaración: de modo intuitivo, a pesar de mi formación académica. Pienso que la creación tiene mucho de un hacer sin saber, de un arrojo por ir descubriendo el bosque en cada paso, dejando que cada uno de esos pasos estén cargados de todo eso que aprendí, escuché, conocí, mezclé y, luego, olvidé. Sí, olvidé, pero que está ahí, impregnado en mi piel y aún lo respiro. Entonces decía que, intuitivamente, en mi obra, hago confluir varias concepciones y procedimientos, poéticas, de diversos y diversas artistas. Hasta aquí, no termino de responder la primera pregunta, de hecho, la respuesta abre posibilidades que devienen en una nueva pregunta: entonces, ¿quiénes? En plural. Bien, ante la insistencia y más de una opción: la lista. Amo las listas, son una gran herramienta para desarrollar consignas. Otra cosa que amo, las consignas.

¿Quiénes entran en el cóctel de creación irracional cuando desarrollo obra? La lista mezcla influencias dramatúrgicas con influencias de dirección escénica, de diversas épocas y latitudes. Desprende nombres como: Antón Chéjov, Peter Brook, Tadeusz Kantor, Mauricio Kartun, Raúl Serrano, Guillermo Cacace y Susana Torres Molina. De la lista, lxs últimxs dos, son mis más cercanxs. Conozco prácticamente la totalidad de su obra, conozco su ética en el acto de creación, lxs conocí siendo su estudiante, tuve la oportunidad de acompañar de cerca algunos de sus procesos creativos y hasta de tomar muchos cafés con ellxs. Es ahí, en los almuerzos, cafés y cenas, que muchas veces se generan los mejores contagios artísticos.

Ahora bien, la propuesta es que hable de unx. Finalmente, elijo. La elección, en una primera instancia, la hago de modo intuitivo; dando lugar a esa voz irracional, me digo: Susana Torres Molina. Y luego, dejando que la intuición se asiente y, ahora sí, pensando en otras cuestiones ligadas al diálogo que intento generar con el paradigma que me toca y elijo vivir, pienso: Susana es latinoamericana, es argentina, es mujer y es contemporánea. Es decir, Susana cumple con otros ítems de otra lista que podría titular: Hacia la construcción de un nuevo y contemporáneo campo de legitimación artístico cultural latinoamericano y feminista.

Hablar de Susana Torres Molina significa decir que siempre fue una adelantada a su época. Haré un breve recorrido de su obra, así luego puedo detenerme en lo que su obra, sus procedimientos y su actitud ante el trabajo desprenden. Susana nació en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, es autora y directora de más de 30 textos teatrales estrenados. Sus obras recorrieron diferentes teatros de la ciudad, del país y de la escena internacional. Su primera obra, Extraño juguete, se estrenó en 1977. Desde ese entonces, no se detuvo. Desarrolló su carrera en el ámbito del teatro independiente. Recién en el 2019, en pleno crecimiento de la marea verde feminista, Susana fue programada, por primera y única vez, como autora, en un teatro oficial: en el Teatro Nacional Cervantes. Allí estrenó Un domingo en familia, la tercera obra de su trilogía Teatro político, que tiene como contexto la última dictadura cívico militar en nuestro país. Las otras dos obras que integran la trilogía son Esa extraña forma de pasión y La Fundación.

No es un dato menor el hecho de que Susana, en el año 1978, se haya exiliado a España junto a su compañero Tato Pavlovsky y sus hijxs, después de que los militares intentaran chuparlos cuando estaban en su casa. En el exilio, Susana no soltó su espíritu activo y creador. Al contrario, en Madrid, realizó un cortometraje titulado Lina y Tita y escribió una serie de cuentos eróticos que fueron publicados, a su regreso en Argentina, en un libro titulado Dueña y Señora. Quiero detenerme acá para dimensionar este acto: una mujer, a su regreso del exilio, en una Argentina recién salida de un gobierno militar, escribe una serie de cuentos eróticos en los que no sólo relata vínculos diversos, sino que corre a la mujer del lugar de objeto de deseo y la coloca en el lugar de deseante.

Además, en Madrid, comenzó los ensayos de su obra A otra cosa mariposa, que estrenó en Buenos Aires en 1982, no sólo como autora sino también como directora. Con este gesto, pasó a ser la primera autora en dirigir un texto propio. Me detengo aquí: cabe aclarar que, en esa época, la autoría no entraba en el terreno de la dirección. Pero Susana lo hizo. Y no sólo basta con ese gesto, sino que en pleno comienzo de los años ochenta, escribió y dirigió una obra con personajes masculinos pero interpretada por mujeres, que hacían personajes de varones. Una obra que denunciaba las estructuras machistas y patriarcales.

Desde aquel entonces, Susana no paró de escribir, dirigir y hasta producir sus obras. Tampoco dejó de otorgar los derechos autorales de sus textos dramáticos, para que se hagan en distintas partes del país y del mundo. Actualmente, tiene varias obras en cartel y, recientemente, terminó de escribir una obra nueva que pronto podremos disfrutar en la escena porteña. A Susana Torres Molina, la autora y directora, la conocí cuando comencé a estudiar teatro. En cada taller, se la nombraba. Luego, en la UNA, la estudié, específicamente en las materias Historia del Teatro Argentino y Análisis del Texto Dramático y Espectacular. Recuerdo que, para esa materia, vi Esa extraña forma de pasión en la sala El Camarín de las Musas y, luego, asistí a una charla que ella misma dio, para hablar de su obra, en la facultad. Varios años después, conocí a Susana, la autora y directora, pero además la persona. Eso fue en el 2015, cuando cursaba la Maestría en Dramaturgia en la UNA. Tuve el privilegio de tenerla como docente durante todo un cuatrimestre y luego, gracias a ella, su generosidad y apertura, cuando terminamos el proceso pedagógico, tuve el honor de pasar a ser su colega y su amiga, como ella, como nosotras nos llamamos.

Susana estudió cuatro años de actuación con Beatriz Matar, pero nunca estudió dramaturgia ni dirección. Tampoco tuvo una educación formal en alguna otra carrera. No fue a la Universidad. Esto no lo digo en pos de reivindicar un discurso, actualmente en crecimiento, sobre el éxito inmediato sin la formación. No, justamente ni Susana, que fue docente en una Maestría y que, hasta el día de hoy, dicta talleres de dramaturgia y toma diversos talleres, como por ejemplo de Filosofía, ni yo, que me la paso habitando espacios de formación, alzaríamos la bandera de ese discurso. Lo que quiero resaltar con esto es la importancia de la intuición y el deseo en el acto de creación.

Susana crea desde el deseo y la intuición. Estos dos elementos emergen, por lo general, cuando al momento de escribir hay menos racionalidad. Al bajar los niveles de racionalidad, crecen los niveles de fisicalidad. Crear desde el cuerpo y para el cuerpo es su principal premisa. Es la presencia de lo corpóreo el denominador común en las obras de Susana. Sus personajes tienen volumen, respiran, se agrietan y estallan en cada palabra. Esos cuerpos ficcionales capaces de cobrar presencia son el devenir de una escritura desde la fisicalidad autoral y no desde el intelecto.

Durante sus clases, Susana se ocupó de transmitir su ética frente al trabajo, algunos de sus procedimientos de escritura y, sobre todo, la actitud de abordar la dramaturgia como un hacer más corpóreo que intelectual. Ella dice al respecto: “Me interesa la trama del cuerpo en la dramaturgia. Es el cuerpo autoral atravesado por el cuerpo ficcional, el del personaje. No se describen hechos, se vive una experiencia. Sucede ahí, en el acto de la escritura. Un movimiento anticipa un texto y este convoca un movimiento. Un constante devenir donde lo que se dice está implicado en lo que pasa.”

Recuerdo uno de sus ejercicios del Taller de Dramaturgia de la Maestría en la Universidad Nacional de las Artes. Cursábamos en la sede de la calle Rodríguez Peña y nos hacía subir y bajar las escaleras del edificio a toda velocidad durante varios minutos. Después, con la agitación y transpiración encima, nos daba una consigna de escritura y nos hacía escribir sin parar. No frenar la escritura, escribir sin parar, era clave. Esa escritura al ritmo del pulso cardíaco mareaba la ficción. Ese cuerpo, escribiendo, soltaba el control racional, lo que generaba libres asociaciones, dejaba a los personajes hacer, abría un nuevo campo de escritura dramática. Sus consignas nos invitaban a arriesgarnos “al uso del propio cuerpo autoral como laboratorio, ampliando los márgenes de la práctica. Y, así, ir descubriendo la singularidad, la propia voz, mientras se experimenta la potencia, aquello que posibilita mayores conexiones y afectos”. En sus apuntes personales sobre la práctica, escribe:

Al eludir el área de lo puramente psicológico y aliarse a los giros, quiebres e instantes de suspensión que genera el cuerpo ficcional, en plena actividad asociativa, suceden los imprevistos, las sorpresas. Surge el asombro ante lo escrito, ya que aparecen posibilidades de gran riqueza expresiva que no figuraban dentro de lo pensado o planeado. Eso sucede cuando se confía en el azar y en el caos que antecede a todo proceso creativo, porque a mayor control, mayor repetición.

Me interesa hacer hincapié en cómo esto trasciende el plano discursivo para ser una práctica artística y reflejarse en su obra. Por ejemplo, Torres Molina escribió obras con una estructura clásica, aristotélica, con un conflicto principal y una clara progresión de la acción alrededor de ese conflicto, tal es el caso de La Fundación y Ya vas a ver. Pero también indagó en cómo romper la estructura lineal temporal; cómo escribir, para teatro, una serie de situaciones que se desarrollan en diferentes momentos históricos y se cuentan en simultáneo, como en Esa extraña forma de pasión. En Cero, escribió un poema dramático entre dos personajes y Canto de sirenas es un poema monologado en cuatro actos, en el que borra los bordes entre la figura de una mujer y lo animal. En Ella, escribió una suerte de pulsiones, voces alrededor de una figura omnipresente. En Manifiesto vs. Manifiesto, rompe la noción clásica de personaje, toma la estructura de otro género literario, el manifiesto, y además trabaja con material audiovisual. En Un domingo en familia, trabaja con material documental, personajes históricos y construye un coro de voces con un fuerte énfasis en lo rítmico, que logra la solidez de la obra.

Un elemento, que sí se puede detectar en las obras de Susana como denominador común, no así repetición porque lo ha ido profundizando, es el trabajo sobre el conflicto y, sobre todo, la contradicción. Para ella, la contradicción en la dramaturgia es habilitar la posibilidad de que los personajes sean una multiplicidad de dimensiones sin juzgarlos desde la moral de quien los escribe, sin ponerse pedagógicx. Para eso, al escribir, se propone explorar los modos de existencia y afecciones de quienes, quizás, rechaza. Al abrir esta posibilidad, emerge la ternura en la monstruosidad. Habilita el espanto de que un personaje violento, asesino, perverso, dictador en determinado contexto, pueda, en otro contexto o al instante siguiente, ser amoroso y hasta pueda generar identificación, empatía, comprensión, cariño en lxs espectadores. Escribe rompiendo el binomio “bueno” o “malo”. Escribe dejando que el personaje sea una multiplicidad de posibilidades a la vez, porque en esa disputa en un mismo cuerpo, aparece la escritura de lo bello-horroroso, que rompe los estereotipos absolutamente distanciados del mundo horrorosamente bello en que vivimos cada día. En una entrevista Susana dice:

Como autora, me interesa inquietar. Posibilitar que cambies de ideas a través de los personajes. Que sean complejos y contradictorios al mismo tiempo. Poder integrar, sin disociar, múltiples aspectos simultáneos y contradictorios. Puede ser todo junto. Eso es muy inquietante e incómodo. No es ni blanco, ni negro, ni gris. Es todo junto. Sin disociar. Por momentos, una persona puede ser muy ética, muy amorosa, muy amable y después puede ser perversa, siniestra. No es una y otra persona, es la misma persona. Así son más complejos los personajes. Si no, se cae en estereotipos. Para eso, es importante conocer la lógica de afecciones, aun de aquello de lo que una deplora éticamente.

Antes de cerrar, me gustaría contar brevemente una anécdota con Susana, de cuando era su estudiante en la Universidad Nacional de las Artes, y quizás mi mayor aprendizaje. Durante esa cursada, yo escribí De los héroes que no aterrizan en las islas de los cuentos. Hacíamos entregas de avances de escritura todas las semanas. En esa época, trabajaba muchas horas en una escuela secundaria, entonces el mejor momento que había encontrado para escribir era a la mañana temprano. Muy temprano. Me levantaba a las 5 de la mañana, escribía hasta las 7 y me iba a trabajar. Resulta que, en las clases de dramaturgia, en las devoluciones, Susana insistía en que algunos elementos del material eran caprichosos y sugería suprimirlos. Yo no quería hacerlo. Durante varias entregas, sostuve esos elementos, y la situación en clase empezó a ponerse cada vez más tensa. Susana insistía en su devolución; yo insistía en sostener esos elementos en la escritura. Pero como me gusta cumplir y tengo la autoexigencia a la orden del día, para evadir esa tensión, decidí escribir la versión del texto que sugería Susana y, en paralelo, la versión que yo quería. Parecía una buena estrategia, poco sincera, pero dejaba a las partes contentas. Sin embargo, ya no me daban las horas del día para escribir no sólo una obra, la deseante; sino otra, la obediente. Tampoco me sentía cómoda haciendo eso, pensaba que algo del vínculo docente estudiante se traicionaba y no me gustaba. En una suerte de colapso, un día, al finalizar la clase, le pedí a Susana hablar en privado. Ella accedió a la charla. En esa conversación, le dije que yo entendía lo que ella me sugería e insistía en las devoluciones de cada clase, no era que no lo entendía o no podía hacerlo, era que no quería. Ella me escuchó y luego dijo algo así: “Sí, ya sé. No me expliques más. El punto es que todo eso que vos decís sobre la obra, todavía no se ve en el material. Vos tenés que escribir la obra que vos quieras. Es tu obra, sólo vos la conocés. Lo que sí, tenés que trabajarla para que todo lo que es caprichoso deje de serlo. No me expliques a mí ni a nadie la obra que escribís. Nunca salgas a defender tu obra. Las obras se defienden solas. Pero, para que eso suceda, hay que trabajarlas incansablemente. Un día, vos te vas a correr del todo y la obra no va a necesitar de la autora para contarse, explicarse, suceder. Si tenés que explicarla, la obra no está terminada. Ese es tu trabajo. Escribí la obra que vos quieras, la obra que sólo a vos se te devela porque sos su autora, no la que yo quiero. Pero ocupate de que se cuente sola”.

Terminé la escritura de De los héroes que no aterrizan en las islas de los cuentos durante ese cuatrimestre. Escribí, finalmente, la obra que yo quería o, mejor dicho, la obra que a mí se me iba develando en cada momento de escritura; dejé los elementos que me interesaron desde el primer momento, pero descubriendo, en el proceso, con mucha prueba y error, mucho trabajo, cómo hacer para que hagan sistema. La obra se estrenó en el 2017. Y no sólo encontró posibilidad escénica en la Ciudad de Buenos Aires, sino que fue pedida para estrenarse en la provincia de Jujuy y en países como Uruguay y Portugal. Entonces sí, pude decir: ¡vaya que la obra se cuenta, expresa y defiende sola!

Susana, al finalizar aquel cuatrimestre, se acercó y me regaló su libro Esa extraña forma de pasión y, al fin de semana siguiente, fue a ver En el Fondo, obra de mi dramaturgia y dirección que, en ese momento, estaba haciendo temporada. Creo que esos dos gestos dieron comienzo a nuestra amistad. Actualmente nos hacemos consultas laborales, nos compartimos los textos para pedirle a la otra su mirada crítica y amorosa. Nos juntamos a almorzar o merendar. Nos gusta conversar al sol, si es posible, para tomar vitamina D. Nos gusta hablar de teatro, pero más nos gusta hablar de la vida. En un portal de autores y autoras, se puede leer la siguiente frase de ella: “Siempre puse el foco, la mira, en que no hubiera distancia ni fractura entre mi obra y mi vida. Y por eso, las distintas vías expresivas que utilizo terminan siendo anecdóticas”.

Puedo decir que sí, que es cierto. Eso lo puedo ver en su actitud ante lxs demás y su campo de trabajo. Susana es una artista que sabe dejar de lado el ego, no celar; al contrario, da confianza, acompaña e impulsa, a sus estudiantes, colegas y amistades, a crecer en la actividad. Esa es su mayor virtud: su generosidad como parte esencial de su influencia artística. Todo lo otro, como dice ella, termina siendo anecdótico.

MINI – BIO
Pilar Ruiz es actriz, directora, dramaturga y docente de teatro. Se graduó de Prof. de Artes en Teatro en la Universidad Nacional de las Artes (UNA). Actualmente es maestranda en Teatro y Artes Performáticas, y cursó la Maestría en Dramaturgia, también en la UNA. Recibió la Beca de Formación del FNA, para profundizar sus estudios en dramaturgia, en la Sala Beckett, Barcelona, España. Escribió y dirigió las obras: Aire de montaña, Suyay, Bailan las almas en llantas, De los héroes que no aterrizan en las islas de los cuentos, Descansa y En el Fondo. Ganó varios premios y concursos, entre los que se destacan: Concurso: “20 años editando INT”; Concurso: “Potencia y Política” de la Cámara de Diputados; Concurso: “Malvinas Memoria” del INT; Premio Estímulo Banco Ciudad + CTBA; Premio Florencio, en Uruguay, en la terna Dramaturgia Iberoamericana, y Premio EDIE-2016 por su obra Creerás en este poema. Es docente de las materias Dirección de la Puesta en Escena y Técnica Actoral en la Escuela Metropolitana de Arte Dramático.

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