14 • diciembre • 2023

📌 Argentina

Incorrección como camino hacia lo espectacular

Texto de Carla Di Grazia publicado originalmente en Cuadernos de Picadero Nº 44: Influencias. Perfiles de doce artistas.

pablo rotemberg

Cuadernos de Picadero les propuso a doce creadores escribir un perfil sobre un maestro o referente de las artes escénicas. El resultado es un mapa de reflexiones actuales que nos sitúan en los márgenes de la confesión personal, el diario íntimo, la biografía, la teoría y el ensayo. De Jorge Lavelli a Romina Paula, de Beckett o Copi a Pablo Rotemberg, pasando por Juana Inés de la Cruz, Fassbinder y Daniel Veronese, entre otros, los textos aquí reunidos componen un minucioso repertorio de voces, escritos desde la fascinación.

I
Voy a escribir desde un lugar íntimo. Desde impresiones y sensaciones que generaron impulsos reveladores, ilusiones, expectativas, ganas y choques de realidad. El existencialismo mismo. Un montón, ¿no te parece?…, me dije. Pero así lo vivo yo cuando veo obras, leo, escucho música o comparto charlas de esta índole con amigxs. El Poder que genera una pieza de arte en las personas, lo que convulsiona me es hechizante y enigmático a la vez; soy Eva seducida por la Serpiente. A veces, me pregunto si lxs creadores tienen conciencia de ello. En este caso, tengo un vínculo personal con el artista elegido y realmente creo que no tiene dimensión de lo que provocó en mí hace 13 años.

Corría el año 2010, no recuerdo exactamente el mes, pero era invierno. Sábado a la noche. Yo con 23 años y obsesionada por la Danza y su escena under porteña iba a ver cuánto podía sin que me importara ir sola. Portón de Sánchez, me siento en medio de la sala a ver La idea fija, de Pablo Rotemberg, un completo extraño y ajeno en mi noción de mundo independiente escénico. Fui totalmente virgen, y uso este término porque siento que esa noche perdí algo y, a la vez, descubrí un nuevo faro de luz como búsqueda artística, algo se quebró, como el dolor de un hombro dislocado, una muela partida, entraron dudas y un escalofrío seductor.

Se apaga la luz y comienza –en medio de esa oscuridad– una música que hasta el día de hoy me produce angustia y felicidad, mi pecho se hincha de manera similar a mis primeros ataques de pánico, contradicción, ambigüedad e incomodidad (esto, creo, es un factor esencial en sus trabajos). La primera escena es icónica. Su simpleza, en las imágenes y la acción, está grabada en mi cerebro hasta hoy: un cenital con intensidad tenue cae como un hilo materializando el suelo, lentamente se va develando un cuerpo que comienza a moverse. La intensidad de esa luz aumenta junto al volumen y a la fuerte impronta que genera la música. Me llevó un tiempo descubrir que ese cuerpo está masturbando el piso, me llevó un tiempo descubrir que era el cuerpo de un hombre con una peluca. Un cuerpo ambiguo, extremo, bruto, delicado, técnico y único. Una característica particular, esto de componer el cuerpo al servicio de la danza. A partir de ese “solo”, comienzan a salir los demás intérpretes, todxs singulares, exóticos, monstruosos; en ese momento, me era fuera de lo común ver eso en una obra de danza. O ¿lo singular está en esas maneras de estar o en cómo ponerlos/poner(se) en juego en la escena…? ¿Cómo decirlo…? Algo novedoso (al menos para mí) hasta ese momento. Sentí los ojos duros por no querer pestañar. Esos cuerpos, totalmente incorrectos para la hegemonía de la danza, son los mismos que dan un sentido de belleza y potencia a la búsqueda de Pablo.

Ponerme a describir las escenas y su estructura (de cualquiera de las obras que haya visto) no es lo que a mí me interesa. No me sale. No me conmueve (me hago cargo). Tal vez soy demasiado romántica. Pero sí creo que una obra es recordada por cómo es llevada a cabo por lxs intérpretes. Por supuesto, no desmerezco todo el trabajo de la lógica coreográfica y la dramaturgia de las obras. Pero para mí, las obras viven a través de cómo el director opera su idea sobre esos cuerpos. El resultado se ve en el compromiso y la creencia que esos guerreros escénicos portan. Entendí eso como espectadora, entendí eso como una bailarina perdida… Entendí que no me interesaba bailar, sino poder ser una artista capaz de estar a la altura de lo que me proponga o lo que me pidan… Y para ello debía tomar medidas extremas. Esa noche sentí que me había drogado por primera vez y eso, a veces, es un camino sin retorno. Esa noche me convertí en una adicta.

II
“No se trata de cuerpos bellos, de cuerpos sin pudor, impúdicos. No, no son objetos: son cuerpos secos y furiosos. Cuerpos de un país en el final del mundo. Fatalmente obsesionados por el sexo, siempre excitados. Encuentros casuales revelarán la impersonal mecánica del sexo. Y es una suerte que Raffaella Carrá haya bajado del cielo para ayudar. El cuerpo se guarda lo que las palabras dicen abiertamente. Hay que perdonarse, no ser tan duro con uno mismo, si al final se sigue tan solo como cuando todo empezó. La práctica de castigarse y ser castigado. Violar. Acabar. La tristeza de lo que es de un modo sin cambio. Frotarse hasta que se encienda algo, hasta que tu cuerpo se encienda. Siempre quisiste bailar en una disco tenebrosa subido a un parlante, agitando la peluca como una loca. Es un tema de amor, y el amor es lo que siempre deseaste. Pero sólo queda bailar hasta que la noche se acabe, y de vuelta a tocarse pecaminosamente bajo las sábanas.” —PABLO ROTEMBERG

El texto presenta el onirismo de La idea fija. Sinopsis de película. Veamos más formal: Estructura de obra compuesta en cuadros, un comienzo de obertura operística, escenas yuxtapuestas en relación a imágenes / acciones e ideas superpuestas, trabajo espacial enmarcado, fortalecido con la composición de la luz. Estoy dentro de un video clip de los ochenta (quiebre cerebral), estoy en una película surrealista y, por momentos, en una telenovela.
– Desarrollo/Saturación / Final: empieza otra cosa y otra y otra y otra.
– Signos estéticos.
– Del efecto a la crudeza sin asco.
– Lockers y banquetas largas (ME CALIENTA. Morbo del baño con vestuario).
– Construcción coreográfica y lenguaje de movimiento un deleite de danzas extraordinarias y ridículas.  (solemnidad)
– Construcción de Lenguaje de movimiento: Pastiche. La lupa es puesta en la particularidad del uso de las dinámicas cortantes y precisas.
– Cuerpo Objeto.
– Danza Directa / Danza Golpeada.
– Ironía puesta en tensión en los estereotipos de índole académico (¿denuncia hacia lo social? NO SÉ, NO ME INTERESA).

FUEGOS ARTIFICIALES de fantasías, olvidoquiénsoyeldíadóndeestoylahora.
– Chabacana / obvia / contradictoria.
Mis dientes rechinan anfetosamente, paranoia lisérgica.
– La Música………. ahhhhhhhhhh (no quiero acabar NO PARES) clave en ésta y todas las piezas de Pablo, un núcleo central en la identidad de su mundo ficcional. Argumenta y contextualiza. Selección diversa: desde The Snowstorm de Georgy Sviridov (tema del comienzo y final) hasta la Carrá, música original y arreglos de Gastón Taylor, Vivaldi, Moroder y un techno de Alter Ego. Desde el cuerpo, lograr Sinergia.
– Uso de la voz: Textos, Cantos, Risas, Gritos.
Empieza a sonar nuevamente la Obertura del comienzo. Todos terminan sentados en el piso con las piernas abiertas esperando / anhelando / provocando… o simplemente estando.
Una acabada que tristemente pareciera no llegar es la culminación final de este sueño-pesadilla.
Es aclamada – odiada – inspiradora e irritable…
Es como Pablo, no hay punto medio.

III
No recuerdo cómo salí del teatro, como un fantasma aparecí sobre la Avenida Córdoba en la parada del bondi para volver al conurbano… Sí recuerdo un pensamiento incorrectísimo… Algo me violó y me sentí agradecida de ser ultrajada esa noche.

…estoy enroscada con una idea fija…
…una curva profunda a otra dimensión, como el colectivo que cambia de paisaje de Capital a Provincia. Llego al final del recorrido y tengo que caminar 5 largas cuadras de un campo de golf, ¡PAREN! les tiro la imagen (mi casa está en frente de un campo de golf, en esa época estaba protegido por un alambrado finísimo, rodeado de altos árboles de eucalipto enormes –era como vivir en Alicia en el País de las Maravillas– y el cementerio donde descansaba los restos de Giselle, con la escarcha dándole el toque espectral; a la vuelta, la cancha de Almagro, la General Paz cerca y, a 10 cuadras, el Fuerte Apache, el Tren San Martín pasando por Sáenz Peña, talleres mecánicos, depósitos y tránsito de camioneros). Volver tarde a casa, pasada la medianoche, era convertirme en Sara Connor con una pisada fuerte o, muchas veces, hasta corriendo. Había un miedo impuesto particular, tal vez por ser mujer, pero fue por primera vez que contemplé ese camino con singular belleza, mientras el cigarrillo se consumía en mis dedos congelados hasta colocar la llave en la puerta. Cerré y el cosquilleo que me provocó caminar despacio en un lugar de alerta me erotizó, mis músculos habían cambiado de tono, un “andar” distinto y pupilas dilatadas. Saben…. en la obra vi y escuché gritos, no eran los barrabravas de Almagro agitando a Estudiantes, eran gritos en forma de danza (esa noche lloré de decepción, porque me identifiqué con una muda).

La idea fija cambió algo en mí aquella vez… me dio un nuevo enfoque dentro del estudio, un cons-desconstruirme sin cesar en la búsqueda de identidad, cuerpo y pensamiento propio como artista escénica. Eso que sucede en la escena (que me hace respirar y que el mundo se suspenda) es el recuerdo vivo que tengo de sus protagonistas. ¿Quién no recuerda el culo de El Ponchi en la primera escena, la Rosaura Andrógina Sexy entrando en contra luz, Marianito, Duende Freaki, el texto de Vanina y la virtuosa India González (Primera formación, luego la volvería a ver con Mauriño y la Otero). Mi memoria opera así con las obras: cómo son puestos, utilizados y exprimidos esos cuerpos-lienzo. Hay que jugar en equipo (el director, probando-descartando-acertando-dudando, y el intérprete, confiando en sus propuestas). Esa lucidez que todo ese equipo lograba me provocó una sobredosis… sobredosis accidental.

A partir de ahí todo fue creer, sudar, hacer, fracasar. Mi mundo tenía sentido nuevamente porque había encontrado una nueva misión. No un pasatiempo, la carrera en sí; no buscaba plata ni siquiera éxito, una convicción de para qué hago esto y por qué vivir.

COMPROMISO.
DEDICACIÓN.
ESFUERZO.
CUALIDAD.
RESISTENCIA.
OBEDIENCIA.
INCOMODIDAD.
CALIDAD.
VOLUNTAD.
POTENCIA EN: DEFECTUOSO
ERRÓNEO
IMPERFECTO
INDEBIDO
GROTESCO
INDIGNO

No sé si creo en el destino o en las casualidades. Nunca imaginé que en mi Nokia 1.100 podía llegar un mensaje de Pablo. Me llamó para trabajar en el 2012 y, desde entonces, participé en 5 producciones sin interrupción hasta el día de hoy (Todos o ninguno / La Wagner / La oscuridad cubrió la Tierra / Lecture on Nothing / La era del cuero). Encontré un Director, Maestro (“Maeztra”, le decimos), mentor, amicha y una Madre. Me transmitió su obsesión y amor por el trabajo, y –algo que al día de hoy sigo entrenando porque me cuesta (entre tanto estudio y conceptos, etc.) – a confiar en el instinto. El darlo TODO CAMBIÓ DE SIGNIFICADO.

Encontré matar el concepto desesperado en el arte: la maldita originalidad. Perdí ese miedo enfocándome en trabajar para descifrar cómo abordar el movimiento con mi impronta. ¿Cuál es mi impronta?, embarrarse en el fango para encontrar raíces ocultas en la expresión física-mental-espiritual (y esto es lo que comparto en los entrenamientos de Danza en las clases que dicto). Llegué a lugares todavía inconclusos, gracias a los procesos creativos con Pablo, y quiero compartirlos como bailarina/intérprete/docente/coreógrafa:

– ¿Tenemos la libertad de materializar lo que realmente deseamos o tenemos ganas de hacer? Si le damos vía libre a la intuición, los caprichos y las pasiones, ¿qué pasa?

– El DESEO NO COMO FIN, sino como PROCESO, donde el cuerpo salga de lógicas existentes y conecte con lo más bruto y puro del instinto, para encontrar, así, un instrumento con más posibilidades para la activa motivación a favor de toda ejecución.

– Disponibilidad para el desastre.

Dice la canción: “Mejor no hablar de ciertas cosas”… y si, a lo mejor, sí. Ver esa obra fue el comienzo de un largo camino, y ya no era ir de Capital a Provincia. No sé cómo terminar este texto. Estoy totalmente en blanco, cuerpo hirviendo y fumando un cigarrillo tal como aquella noche, también como cuando termino de bailar…

Agradezco al Instituto Nacional del Teatro por darme esta maravillosa oportunidad de salirme de cierto “confort” y dejarme aventurarme a la escritura, a mis Hermanas Ayelén Clavin y Dafnne Rojas Mansilla por sus devoluciones, pensamientos y aguante en este viaje. Y, bueno, la primera pista para comenzar este texto me la dio Él, siempre ahí acompañándome: Pablo, GRACIAS.

MINI – BIO
Carla Di Grazia es bailarina, intérprete, performer, coreógrafa, investigadora, DJ. Profesora independiente de danza contemporánea, investigadora escénica, curadora artística de la fiesta Inminente, co-fundadora de California Klub. Actualmente está ampliando nuevas formas de creación desde las artes musicales electrónicas (Dj). Realizó sus estudios en la Escuela Nacional de Danza Jorge Donn, UNA (Universidad Nacional de las Artes). Intérprete en La Wagner, Todos o ninguno, de Pablo Rotemberg. Todo Piola, de Gustavo Tarrío. Danzas por inmersión, Recitaciones, Rotonda, TEDxRíodeLaPlata 2015, de Edgardo Mercado. Solos al baile, de Gabriela Prado. Documentos de Identidad, de Ana Deutsch. Además, dirigió la obra Turbio, Obrafutura y Arenga (estas dos últimas en co-dirección junto a Sebastiao Soares y Pablo Castronovo). Trabajó como bailarina en el Centro de Experimentación del Teatro Colón y en Coreomanía-No puedo parar y Cinco Horas, una instalación de Josefina Gorostiza. Se ha formado con destacados maestros nacionales y ha tomado seminarios internacionales con importantes figuras de la danza contemporánea.

14 • junio • 2024

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