05 • julio • 2022

Federico Polleri: «No abandonar el proceso fue un desafío permanente»

FOTO POLLERI

La editorial del Instituto Nacional del Teatro presentó el nuevo libro del dramaturgo, actor, director, periodista, ensayista y docente Federico Polleri. Dialogamos con el autor tras la salida de esta publicación.

Federico Polleri escribió las obras «La Rosa de Cobre (el secuestro de Roberto Arlt)” (2009), “Mayo” (2011), “El Escapista” (2013), y “Ensayo sobre el miedo” (2018). Algunas de estas piezas fueron recientemente publicadas en un libro que cuenta con estudio preliminar del investigador Jorge Dubatti. «Éxodo, ensayo sobre la masculinidad» (2019) acaba de ser publicado a través de la Editorial INTeatro.

-Durante el proceso de creación/ensayo junto con tus compañeros, ¿qué fue lo más difícil de poner en crisis sobre tu masculinidad y la masculinidad como concepto?
-Creo que lo más difícil fue identificar nuestros privilegios. Por aquello de que, para quiénes los tenemos, resultan invisibles. Esto es algo que nos enseñaron las feministas negras. Lo hacían preguntando a personas blancas qué veían cuando se veían al espejo. Las personas no racializadas no veían el color de su piel. Una mujer blanca, veía una mujer. Un hombre blanco, veía un hombre. En cambio ellas explicaban que cuando una mujer negra se mira al espejo no ve solo a una mujer: ve a una mujer negra. Encontraron así una manera muy simple de explicar que, para quien detenta un privilegio, verlo supone una gran dificultad. En el proceso de encuentros para la creación de «Éxodo» tuvimos que trabajar mucho en esto, en lograr hacer visible lo invisible.
Otro aspecto difícil fue lograr profundidad. Buscábamos identificar los mandatos de masculinidad que habitan en nosotros, y los modos en que habían sido configurados a lo largo de nuestras vidas. Para eso teníamos que bucear hondo en nuestras biografías. Era un trabajo incómodo, intenso y por momentos doloroso. Es muy común arrancar procesos e interrumpirlos cuando la cosa se pone oscura o cuando el espejo devuelve una imagen de nosotros que no nos gusta (cuando vemos nuestros privilegios y violencias, y también nuestras vulnerabilidades y padecimientos). No abandonar el proceso fue un desafío permanente. Algo que nos ayudó fue una premisa que usamos. Decíamos: «Si el proceso nos incomoda, vamos bien». Sabíamos que si dejaba de incomodarnos, si nos empezaba a sentar bien, era posible que no estuviéramos siendo lo suficientemente profundos, y corríamos el riesgo de que todo termine en una pose. Creo que esa premisa fue importante para que la búsqueda sea honesta y nos permitiera no quedarnos en un abordaje superficial.


-¿Crees que la masculinidad es solamente una subjetividad de corporalidades biológicamente asignadas como “hombre”?
-No, pero es un tema complejo. Te diría en principio que la noción de Masculinidad (así expresada, en singular y con mayúscula) que nosotros cuestionamos en la obra, es un conjunto de discursos y prácticas a través de las cuales los sujetos asignados «varones» al nacer somos producidos luego como determinado tipo de hombres. Esto lo hace el patriarcado a través de lo que Rita Segato denomina «mandato de masculinidad», e implica la socialización en ideas y creencias que reproducen nuestro lugar de privilegio y poder en la jerarquía de género, y que también supone tensiones, padecimientos y violencias cuando nos corremos de lo que indica ese mandato, tan bien custodiado por la corporación masculina, es decir, por nuestros pares.
Existen, por supuesto, otras masculinidades (así en plural y con minúscula, incluso en otro tipo de corporalidades) que no se ajustan al mandato y que, por esa razón, son ubicadas en una posición subordinada dentro de la corporación o cofradía masculina. Desmontar el mandato de masculinidad es justamente, liberar a las masculinidades de la imposición de un único modelo de ser hombre.

-¿Qué efectos “estéticos” te parece que propone este Nuevo Teatro Documental, sobre todo en este caso, donde la dramaturgia está básicamente sostenida por las confesiones de sus actantes? ¿Pudiste reflexionar sobre cómo se reestructuran las nociones de Verosímil, Verdad y Ficción?
-La verdad es que la decisión de hacer una obra de teatro documental no fue una decisión estética previa, sino que apareció durante el proceso. Te diría incluso que fue el devenir del mismo proyecto el que lo pidió. Como si esta experiencia no se hubiese podido compartir de otro modo.
Sobre la tensión entre ficción y no-ficción, entiendo que la fuerza del «teatro de lo real” o teatro documental, está justamente en ese pacto de verdad que se establece con el público. Ya no solo es verosímil para el público, sino que éste acepta que lo que le estamos contando durante la obra es verdad. Es muy interesante lo que dispara esto, porque la experiencia sería completamente diferente si las historias que se cuentan en la obra hubiesen sido inventadas, si se tratase de una ficción. El hecho de que lo que vemos es a un grupo de hombres sin máscara teatral, hablando de sus vidas, compartiendo una experiencia y un proceso tan personal, es determinante para que la obra sea lo que es. Y eso, por lo menos en este caso, sólo lo podía ofrecer este tipo de teatro.

-Siendo «Éxodo» una experiencia dependiente de la escena y del encuentro, ¿cómo te planteaste la organización de la dramaturgia para la publicación del material?
-Era una obra difícil de publicar porque al ser teatro documental no puede ser representada por otro elenco (y muchas veces el sentido del libro teatral es la posibilidad de que encuentre nuevas puestas en escena). Entonces intenté pensarlo como ensayo y, a la vez, como un archivo ampliado de la experiencia «Éxodo». En ese sentido, la incorporación de la conferencia de Cuba -en la que comparto la investigación previa y el marco teórico- y el Epílogo -en donde comparto los fundamentos conceptuales del proyecto- creo que van a ayudar a complementar la lectura de la obra y a tener un abordaje más integral de la propuesta. Seguramente también permitan conectar más profundamente con la dimensión política del proyecto, algo que termina de fijar Rita en el Prólogo, cuando nos habla del desmonte del mandato de masculinidad como «la posibilidad de reorientar la historia» y nos termina de dar la dimensión histórico-política de lo que estamos viviendo con una frase impresionante, llena de potencia y esperanza: “Estamos viendo al animal de la Historia cambiar de rumbo y es un espectáculo magnífico”. Ojalá este libro sea un pequeño aporte en este sentido.

 

El libro «Éxodo, ensayo sobre la masculinidad» ya se encuentra disponible para lectura on line o descarga directa desde la web de la Editorial INTeatro. ➡️➡️ ACCEDÉ AL LIBRO DESDE ACÁ

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