Camila Cardona tiene una mezcla de orgullo, emoción y una energía muy física: se le activa el pecho y el corazón le late distinto a lo habitual. Está emocionada porque va a compartir todo lo que aprendió sobre teatro musical con un grupo de bailarines argentinos, a los que llama cariñosamente “su gente». Camila es una bailarina y coreógrafa argentina que da clases en la academia neoyorquina de baile Steps on Broadway y brilla en esa plaza teatral. Está en Buenos Aires para dar una clase magistral de teatro musical, organizada por el Instituto Nacional del Teatro.
Los alumnos comienzan a llegar entusiasmados. Clara, de Lanús, cuenta que viene con ganas de divertirse. Luciana, que es estudiante de Artes del Movimiento en la Universidad Nacional de las Artes (UNA), está muy agradecida por esta formación. “Es muy lindo tener información de cómo es bailar en Broadway. Vine para absorber todo”, dice sonriente. Mabel es otra de las participantes; es actriz y dice que la clase magistral le parece una idea buenísima. “Vine con muchas ganas de bailar y de aprender todo lo que pueda, de conectar con la experiencia de Camila y de Hugo. Es lindo saber que es posible lograr lo que ellos lograron”, dice.
Mientras los bailarines van entrando a la sala, Camila los saluda con alegría y cuenta: “Todo esto me conecta con la niña que empezó bailando en un salón de barrio y con la mujer que soy hoy. Es circular la experiencia. La hace más especial Hugo Brument Scuderi, director y coreógrafo francés con quien vamos a dar la clase como lo hacemos en Steps on Broadway”.
“Bailo desde los cuatro, cinco años, y desde ese momento el salón se convirtió en refugio y en mi manera de pararme frente al mundo. Después sumé canto, actuación y hip-hop, y eso me abrió la cabeza a entender la danza como un lenguaje completo”, dice sobre sus inicios en la danza. Luego cuenta que continuó sus estudios en la escuela Arte XXI con maestros del Teatro San Martín; en Estados Unidos en Point Park University y en Jacob’s Pillow, donde terminó de conectar lo técnico con lo artístico.
Comienza la clase, a la que también asisten personas a través de Zoom. En todo el país los bailarines empiezan a mover el cuerpo. La clase, que pronto fusionará técnica, musicalidad y storytelling a través del movimiento empieza con el típico precalentamiento. Los cuerpos se estiran, se mueven de acá para allá. Brument Scuderi baila relajado en el escenario del lugar, Camila baila y explica los movimientos. Están en un estado de flow que se contagia debajo del escenario.
Es una clase similar a la que los docentes dan en Steps on Broadway: ejercicios y coreografía primero, herramientas específicas después. Por último, proponen un encuentro orgánico, presente y vivo que culmina con todos los cuerpos bailando canciones de Broadway y una energía grupal que es contagiosa. Brument Scuderi y Cardona examinan los movimientos de los bailarines, les dan consejos para mejorar los movimientos y también para trabajar la presencia y la intención para que cada uno pueda encontrar su propia voz física.
La clase incluye elementos de jazz con influencias de hip-hop —que es parte del entrenamiento que los docentes están haciendo en Nueva York— y secuencias que invitan a explorar la calidad del movimiento desde un lugar genuino y emocional. “Más allá de lo técnico, lo que más me gustaría es que los asistentes se lleven una experiencia: la sensación de que pueden crear desde su identidad, desde lo que los hace únicos. Que salgan con ganas de seguir bailando. Eso, para nosotros, es lo más importante”, dice Camila.
El tiempo transcurre rápido. Los alumnos absorben cada consejo y cada movimiento de los profesores. De a poco, van incorporando las coreografías que ellos proponen y al finalizar la clase parecen el cuerpo de baile de un musical. Desde el escenario, Camila bromea: “¿Dónde nos podemos presentar?”

